La grieta

Diario de Ibrahim

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7 de Hakiya, año 523 de la éjira. ¡Alabado sea Al-Qadar, y bendecido su profeta Munir ibn Rahman!
Día 4: Salí de Granaj en la carabana de Jaffar al Tabari. Dejamos el oasis atrás y nos adentramos en las dunas. Cada dedo, cada cabello de la obra de al-Qadar se manifiesta en la belleza voluble del desierto.

Día 10: Un mercader de Qurashaj me advirtió de la naturaleza violenta de los Tuigan. ¿Quién no les tendría miedo luego del saco de Bighir? Sin embargo mis estudios me indican que el viaje a través de las estepas a través de la via dorada no es imposible. El primer objetivo es la ciudad de Almorel, en la frontera más próxima de Faerun. Al-Qadar me amparará.

(Doce folios del diario están perdidos)

Día 83: La via dorada ya no es segura desde que el sultán de Ibelaj abandonó esta frontera. Jaffar al Tabari abandonó la expedición y volvío sobre sus pasos de regreso a Zakhara con los cien camellos que le quedaron luego del ataque de los tekui. Casi pierdo la vida; de no ser por la invocación de un caballo, hechizo que aprendí días antes de partir, probablemente estaría muerto o esclavizado. ¡Grande es la misericordia de al-Qadar!

Día 94: Estoy ahorrando la tinta. Sólo me queda un frasco. La buena nueva es que me encontré con unos viajeros de Durhim. Cuando vi sus siluetas a lo lejos temí que fueran salteadores de camino (Al-Qadar guía mis pasos). Conocen bien el camino de la via dorada y me acogieron en su grupo.

Día 130: Llegamos a Almorel esta mañana. Más que una ciudad es un poblacho de humanos y una comunidad pequeña de herreros y alfareros enanos que viven en madrigueras subterráneas. La población se encuentra a orillas de un gran lago que llaman De Las Nieblas. Todo es muy pobre y la empalizada que bordea las casas se ve dañada por ataques recientes de las tribus nómadas de la estepa. Al jefe del pueblo lo llaman Mechnik y el consejo de la ciudad se llama Gospoda. Los templos del pueblo son tres, y adoran ídolos. Hoy como con mis amigos viajeros y mañana nos separamos. Ellos venden su mercancía aquí y se regresan a Zakhara. Nos hemos despedido con mucha hermandad. Que Al-Qadar los acompañe en su largo viaje. Yo continúo mi viaje hacia el oeste. Mi próxima parada es en la rivera de un río que llaman Fluido Claro.

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Diario de Ibrahim, continuación 1

Día 139: Esperé dos días en Almorel y salí en una pequeña caravana muy bien armada de un mercader llamado Jazinz, un enano rico, quizá el único enano verdaderamente rico del pueblo. Llegamos al río del Fluido Claro y acampamos en su rivera. Estoy sorprendido de ver salmones de brillantes escamas azules navegando entre sus aguas. Cuando brincan en concierto parece ser una lluvia de estrellas (Hermosa es la creación de Al-Qadar).
NOTA: recordar llevarle uno vivo al Sultán.

Día 140: Cuando amaneció teníamos un campamento Tagurian inundando la otra rivera del río. Es la tribu de los Tarki que migra desde el sur, desde las montañas de Cobre, hacia los amplios pastizales al norte del lago De Las Nieblas. Temimos por nuestra vida y nuestra libertad.
El Kan envió mensajeros y nos ofrecieron hospedaje en sus tiendas. El gesto nos maravilló. El nombre del Kan es Julegu, del clan Badma. Y me sorprendió su gentileza. Le dijo a Jazinz que si quería cruzar el río con su mercancía debía de pagarle un cuarto del valor de todas sus poseciones o dar marcha atrás. El enano accedió al impuesto y su caravana continuó el camino.
Pero yo no quise irme y le pregunté al Kan y podía acompañarlo en su viaje y le ofrecí lecturas de los astros, y al Kan le gustó mi propuesta y me aceptó en su grande y majestuosa tienda. Mañana partimos rumbo al norte.

Día 146: El Kan Julegu es un hombre de buenas costumbres. En pocos días he aprendido mucho de sus costumbres. Los Tuigan aman a sus caballos más que a sus propias esposas. Los aman como sus hermanos. Están acostumbrados a andar por días sin bajarse de sus animales, y duermen y comen sobre ellos, y hasta les dan de su propia comida.
Hacen algo sorprendente con la leche de yak: la guardan en grande jarras y la ponen al sol en los díasmás calientes, y el componente acuático de la leche se evapura, dejando en su lugar una sustancia blanquecina y polvorosa. Así la guardan para grandes trechos y cuando desean beberla le agregan agua y recuperan la leche como si nunca se hubiera evaporado.
En las noches descubiertas el Kan me pide que le lea los astros, y los astros me han dicho que se aproximan tiempos oscuros, y que las comarcas del norte se harán más peligrosas por lo que los Tarki deben tener cuidado de pasar mucho tiempo en esas zonas. La guerra entre los dioses de este lado del mundo culminó hace pocos años y las ciudades y las tribus están desordenadas. Es el momento perfecto para que fuerzas más oscuras se hagan con las posesiones de los más incautos.

Día 170: La compañía de los Tuigan se hace pesada. La alegría con la que me recibieron al principio se ha tornado en abierta desconfianza. No conozco el origen de esta suspicacia pero ya me estoy sintiendo como un extranjero repudiado, especialmente por las mujeres. El Kan y sus hermanos siguen siendo cordiales, aunque distantes. Sin embargo no he dejado de hablarles de Al-Qadar y de la nueva religión Al-Hakija, rebelada al profeta Munir ibn Rahmán. A algunos le interesa; otros me rehúyen.

Día 185: Nos aproximamos a las latitudes más altas del mundo. El frío se hace difícilde soportar, y la tierra se confunde con la nieve. Hubo un combate contra gnolls que emergieron de la tierra en grandes manadas y mataron a varios valerosos guerreros, pero el Kan los repelió con su intervención directa. Sin duda es para estos hombres un gran héroe.

Día 197: Hemos llegado a las faldas más orientales de una cordillera montañosa que llaman Icerim. Enormes glaciares se ven al norte, una tierra despoblada e inexplorada. El Kan me dice que no permanecerán muchos días allí, pues el frío que baja desde los picos es demasiado. Según dice no es normal que en aquella temporada golpeen tan fuertes vientos helados. Le dije, no sin cierto temor, que me separaría de su lado, y que debía continuar mi viaje hacia el oeste. Se mostró enojado, pero no me contrarió.

Día 203: Abandoné el campamento de los Tarki. Julegu Kan me dijo que en los días próximos se moverían un poco hacia el sur. Conmigo envió a un par de jineters que me guiaran por medio día hasta las fronteras occidentales de la estepa, y me sugirió que me refugiara en un pueblo llamado Nathoud. Me encomiendo a Al-Qadar, que me ampare.

Día 209: Llegué a Nathoud, una aldea bastante pobre. Me recibieron con desconfianza y estoy hospedado en una casa de una señora llamada Heles. Todo es tan pobre que no parece útil dar muchos detalles sobre esta gente. No son como los Turian; en vez de pieles trigueñas y ojos afilados son gente de piel muy blanca, cabellos rubios y ojos azules. Se visten con pieles de yak muy gruesas y malolientes.

Día 213: El jefe del pueblo me mandó a llamar. Se llama Garos Barebraker y quiere saber si por fin su esposa dará a luz a un primogénito en las próximas semanas. Tiene dos hijas. Las estrellas no son claras en lo que me dicen. Hay algo extraño en la criatura que está por nacer. No sé que decirle a Garos.
NOTA: Hay una jovencita llamada Mitri que me lanza miradas ardientes. Tiene pintado en los ojos algo traumático, no sé qué, pero Heles insiste en que es una gigante, teoría por lo menos absurda.

Día 216: ¡Por Al-Qadar! anoche ha ocurrido algo terrible, dificil de describir, como si la evocación misma de los hechos fuera a paralizarme el corazón. Nació una abominación, un error del universo, de la esposa del señor Garos, y murió durante el parto. En su lugar una araña aberrante vino al mundo. Algo dentro de mí… dentro de todos nosotros se está incubando, pequeños hijos de esta profanación viviente. Tengo que encontrar la cura a este parásito que nos entró por la naríz, o la primera legión de este mal depravado marchará al darnos muerte desde nuestros adentros…
Como si no hubiera sido suficiente, un terremoto atacó Nathoud, se quebró el suelo y emergieron elfos negros desde las entrañas de la tierra. Vi de cerca a la muerte, pero (por Al-Qadar misericordioso), sobreviví. Logré capturar a un elfo como esclavo, y ahora me encuentro con otros tres en medio de la estepa habiendo escapado del pueblo y de sus atacantes.

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Diario de Ibrahim 2

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Día 229: Retomo mi narración luego de haber escapado por obra de un milagro del campamento de los Tarki. Fui con un compañero de estas tierras, que igual cayó enfermo infectado por la araña, pero Julegu Kan se había ido junto con sus cercanos en búsqueda de un ídolo. Un sobrino de Julegu se ha adueñado de la tribu. Nos encarceló y cerca estuvo de matarnos, pero grande y poderoso el al-Qadar, quien nos rescató de las fauces de ese pequeño demonio.

Avanzamos hacia el poniente por cuatro días en dirección a Mulptan, y encontramos al farsante que utiliza un papagayo para confundir a los locales y hacerles creer que existe un ídolo serpentezco, volador y dorado.

La estepa es engañosa, llena de ilusiones y de criaturas que parecen emerger de portales y piedras que se levantan ocultas en la noche. El viaje se hace largo, muy largo, y la ausencia de ganado, de manadas, de cualquier forma de vida animal, ofrece un panorama desagradable, como si pudiera pensarse (aunque es imposible) que la luz de al-Qadar no llegara a estos parajes.

Día 230: He hecho un descubrimiento extraordinario. Por obra de una nevada de vientos helados nuestra atención se dirigió a una torre abandonada, alta, como de veinte metros, ancha, con grandes puertas. Nos refugiamos y encontramos varias estancias ruinosas, los restos de lo que pareció haber sido una antigua biblioteca. ¿La antigua biblioteca de una ciudad de elfos? Un cuarto pareció haber sido un laboratorio y marcas de combate lo rodean. He encontrado estantes con libros carcomidos por el tiempo. En el subterráneo habita lo que parece ser el espíritu de un espectro antiguo, el alma en pena de un elfo que con sus engaños procura que lo liberemos, ¡pero no lo haremos! Los fieles seguidores de al-Qadar no caen en las trampas de pequeños demonios.

Debo decir que creo haber encontrado un tomo del Libro de las Transmutaciones. Todavía me falta corroborar esta hipótesis, y el libro está sellado con un conjuro que no logro identificar. Lo más sorprendente de todo es que partes enteras de la biblioteca parecen proyecciones de subplanos que se extienden ocultas entre las dimensiones perceptibles del espacio tiempo, por lo que la torre parece ser un laberinto oculto entre las tales dimensiones. Leí una vez en un libro de al-Fadl que hechizos muy poderosos pueden separar las dimensiones (es decir, separar la profundidad de la anchura y de la altura) e introducir una extensión del espacio escondida dentro de las dimensiones del espacio perceptible, así creando una forma de subplano. Creo que esto es lo que se encuentra ante mis ojos. Necesito recolectar más información. La biblioteca es enorme y guardianes la habitan, por lo que tengo que tener mucho cuidado.

El compañero que me sigue, este hombre llamado Björn, no es demasiado listo. Debo mantenerlo vigilado para que no cometa tonterías.

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Día 232: Mi teoría resultó ser cierta y demostré, luego de mi vida haber corrido peligro, que la torre albarrana que encontramos en la estepa, y en la que nos refugiamos de una tormenta de nieve, pertenece a la antigua ciudad élfica de al-Myj’drannor. En medio de nuestras pesquisas un guardián protegido por un encantamiento que lo ocultaba de nuestra vista no nos permitió continuar. Cuando nos disponíamos a dormir en nuestra guarida en la planta de la torre, nos sorprendió la reaparición de Mitri, la muchacha devota a un ídolo de la región que llaman Selune, y que pronto estuvo de una muerte a manos de hobgoblins, de no ser porque escapó (grande es la misericordia de al-Qadar, incluso con los infieles).

Mientras nos acomodábamos, un mecanismo sonó bajo el suelo y las paredes se cubrieron por una inscripción que se desvanecía ante la mirada, como la humedad a orillas de una playa de la cual la ola se acaba de retirar. La inscripción era un conjuro que se escapó a mi comprensión, pero que en el elfo decía (desde el momento en que lo comencé a leer):

“…y fue entonces que se decretó, tras la caída de al-Myj’drannor, que su biblioteca quedaría maldita para siempre. Lo que alguna vez estuvo y alguna vez fue, ya no lo será más, y habrá en otro tiempo y en otro lugar, la torre que en un tiempo ocultó un conocimiento proscrito desde la Altura, para el eterno recuerdo de los pueblos que de sus errores nunca aprenden. Así en este momento, uno de entre los infinitos momentos que comprenden el universo, el lugar que quedó para guardar lo proscrito, se moverá de nuevo. Y que así sea hasta el final de los tiempo…”

Logramos salir de la torre y la torre a nuestras espaldas se desvaneció en un destello azafranado.

Seguimos rumbo al occidente y al fin encontramos un camino, cuando comienza a divisarse por primera vez una cordillera montañosa muy a lo lejos. El camino iba diagonal a las cuatro direcciones, de noroccidente a suroriente. Es una ruta transitada, como se ve del hecho que el pasto no crece (en la estepa, que los hombre de Narfell llaman el Mar de Pasto, sólo bastan dos meses para que una ruta olvidada sea devorada por la maleza). A media jornada de viaje a partir de la altura donde encontramos la ruta se encuentra una posada grande para viajeros. El servicio es de muy mala calidad y los locales hablan un dialecto que no pude identificar.

NOTA: un hombre misterioso, hombre al servicio de los príncipes de Medinat al-Immilmar, se apareció con preguntas sobre al-Nathoud. Aunque lo engañé a tiempo, descubrimos que en Narfell están conscientes de nosotros, de nuestro testimonio de los horribles hechos de al-Nathoud.

En jornada y media a partir de la posada de camino se llega a Mulptan. A media jornada de las entradas de la ciudad se halla una grieta en el suelo, quebrando el camino en dos. Sus cavidades son hondas, frías, llenas de misterios y de brazos que se contorsionan en el abismo, en huecos borrosos.

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Mulptan es un poblado numeroso, el primero que he encontrado tras meses de viaje. Las fortificaciones que lo rodean están en pobres condiciones. No sobreviviría un asalto medianamente apertrechado. El templo central es a un ídolo que llaman Helm, y la ciudad casi entera es de madera. Es vulnerable a incendios. La avenida principal cruza la depresión entre dos colinas leves. En la colina del sur se haya el templo de Helm y un edificio que parece ser una cede de gobierno, pero fuera de una magra guardia, es poca administración la que se ve.

NOTA: Atención. Los locales son tramposos. En un establecimiento de comida ordené alas de flamingo y me trajeron alas de pavo.

Las artes de Byörn son útiles. Es hábil con el puñal a corta y larga distancia. Lo vi asestar el arma a un hombre que huía a caballo. Además robó de la torre una gema que al proyectar la luz del sol sobre el rostro de una persona, las convierte en piedra temporalmente. Necesario es estudiar mejor este hallazgo antes de sacar conclusiones.

Parece Byörn sentir atracción impura por la campesina Mitri. Mitri por propia cuenta una muchacha de buen corazón. Cree con fervor en su ídolo, de quien dice ser una suerte de diosa de la compasión. Eso es bueno. Los idólatras que creen en la compasión son los primeros en convertirse a la fe de al-Qadar.

Con algo de suerte encontraremos algún establecimiento donde recomponer nuestro estado de absoluta precariedad higiénica y seguiremos nuestro camino hasta Medinat al-Immilmar.

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Diario de Ibrahim 4.1

Me encontré con un elfo femenino en la fonda de al-Mulptajn. Parece ser músico, trovadora, o algo. Byörn se fue con la Mitri a los lados más oscuros del pueblo. Yo me fui con la elfo a las afueras para arreglar ciertos asuntos cotidianos, cuando fuimos emboscados desde una floresta por un elfo oscuro! Lo corroboro; piel color carbón, cabello platinado, ojos lechosos, armadura de adamantio. Nos batimos con él y le dimos muerte. Lleva al hombro un símbolo extraño y repugnante.

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Debo buscar a Byörn y a Mitri. Si me atacaron, podrían estar tras ellos. Veo que la llegada a la civilización (por usar un eufemismo) no nos puso en mejor resguardo. Faerun es un continente peligroso.

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Diario de Ibrahim 4.2

Conocí a un clérigo de Ilmater en un tiempo del mismo ídolo. El lugar era hediondo y estaba repleto de personas paupérrimas. La filosofía de estos creyentes es que dan la bienvenida a cualquiera que la pida sin distinción de credo ni de creencia, sin importar su son ortodoxos o heréticos, fieles o paganos. El ídolo de Ilmater debe representar el atributo caritativo de al-Qadar. Pero no logro diferenciarlo de los atributos que le concede la Mitri a su ídolo Selune.

El párroco me mencionó algo curioso. Al norte de Mulptan existen una ruinas que nadie se atreve a visitar, supuestamente un santuario antiguo del ídolo Loki, el ídolo en el que cree Björn. Es curioso que él sea la única persona que haya conocido en estos parajes que crea en este tal Loki. Quizá sea un ídolo muy local, u oculto. El clérigo de Ilmater no solo detectó la infección que me afecta, sino que cree que en las ruinas al norte se resguarda un artefacto, como una gema, que guarda el poder de curarnos. Además, esbozó la teoría de ibn Hawkal de que el cambio de las estrellas representa un cambio en la opinión de Ao al-Qadar. Pero aquí en Faerun lo interpretan como un cambio en la relación de poder entre los dioses en los que creen. Esto quiere decir que en Faerun están al tanto de las nociones astrológicas básicas.

La elfo me acompaña con fidelidad. Me parece que está algo desorientada y está en búsqueda de compañía. No me extraña; los pueblos de Faerun son atrasados e ignorantes y desprecian a los que no son humanos. Hay pocos elfos, y ella parece sufrir discriminación allí a donde va. Me salvó la vida una vez. Creo que puedo confiar en ella.

Ya es de noche y ni Björn ni Mitri se han presentado. Me preocupa. Además, dormimos en una habitación con lo que parece ser una entrada a un subplano. Todo abajo está oscuro. No me he aventurado a ver.

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Diario de Ibrahim 4.3

Björn se presentó con Mitri al oscurecer. Tenían al miedo pintado en el rostro. Luego Björn me comentó que fueron perseguidos por guerreros encapuchados y asesinos (¿quizá en concierto con el arquero que me atacó estando con la elfo Nuada junto al río?), pero que, ¡Dios santo! un elfo negro los salvó y los condujo a una asamblea de más de estos seres oscuros. Y allí, de manera confusa, esbozaron su intención: impedir el renacer del monstruo arácnido que llaman Lolth, pues afirman seguir a un ídolo rival llamado al-Ístrae (si memoro con claridad, aunque no estoy seguro, el arquero que nos atacó en la floresta llevaba el símbolo de esta deidad, lo cual me hace pensar que los bandos no están claros, o hay disensiones). Según esta asamblea de macabros, Björn, Mitri y yo tendríamos poco más de dos semanas con vida, y corroboraron por su lado la existencia de un cristal sanador en las ruinas del santuario de Loki, al norte de al-Mujltan.

Luego de la llegada de Björn y Mitri a la posada, dejé a la elfa Nuada con ellos y me fui al templo de la deidad que llaman Helm, en búsqueda del patriarca Garond, como me había llamado. Los religiosos de esta tierra conocen mejor lo oculto, como me hizo entender el párroco de Ilmater.

El templo es de madera, elevado sobre una plataforma de troncos gruesos, rodeado por una terraza angosta. Los pobladores de al-Narafel no utilizan espacios abiertos, ni alfombras, ni jenuflexiones. Se sientan en bancos alargados de madera rústica, muy incómodos. El símbolo es una mano de acero con un ojo inquisitorio observando desde la palma.

Entré por una puerta trasera y un clérigo me guió hasta la presencia del patriarca Garond. El hombre era alto, robusto, severo. Hablamos por un tiempo y esgrimió de nuevo el rumor que nos persigue. Todos están interesados por la tragedia de Nathoud. Todos temen a los elfos negros. ¡Pero qué! Utilizó un hechizo para explorar la afección que me posee y al instante cayó al suelo, convulso y muerto. Su ultima palabra, en respuesta a mi pregunta de qué fue lo que vio, fue (sálvenos Ao al-Qadar!) “Lolth”. Ahora temo lo peor. Lo temo en la mirada de estupefacción que dejó espantado a Garon. ¿Será una diosa la que guardamos en nuestro cuerpo? ¿Será el pedazo de una diosa? ¡¿Pero qué digo?! No pretendo darle credibilidad a las supersticiones de esta tierra. Aunque no niego que una fuerza demoníaca más allá de la luminaria de Ao al-Qadar se gesta en la profundidades, no sólo de nosotros, sino de la tierra.

De pronto irrumpió una partida de elfos oscuros, y en mi huida exitosa usando la forma de una sirvienta, vi combate en el templo (una profanación severa) entre… ¡Björn y Nuada contra los macabros que los atacaban! Me dio la tenebrosa impresión de que estaban siendo ayudados por otra elfo de piel carbón que lanzaba flechas desde una esquina… ¿Estarán actuando Björn, Mitri y la elfo Nuada en concierto con una banda de estos seres subterráneos?

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Algo que no puedo evitar mencionar: en el cuerpo de Garond había una misiva protegida por un conjuro invisible. Se reveló ante mí una declaratoria espeluznante: aparentemente, quien sea que le escribiera al patriarca, estaba (¿o está?) al tanto de una inminente invasión de elfos negros a Mujlpan. Esta invasión, de ser cierta, vendría de la tierra. Recuerdo la grieta que bloqueaba el camino antes de llegar a la ciudad…

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