La grieta

Diario de Ibrahim, continuación 1

Día 139: Esperé dos días en Almorel y salí en una pequeña caravana muy bien armada de un mercader llamado Jazinz, un enano rico, quizá el único enano verdaderamente rico del pueblo. Llegamos al río del Fluido Claro y acampamos en su rivera. Estoy sorprendido de ver salmones de brillantes escamas azules navegando entre sus aguas. Cuando brincan en concierto parece ser una lluvia de estrellas (Hermosa es la creación de Al-Qadar).
NOTA: recordar llevarle uno vivo al Sultán.

Día 140: Cuando amaneció teníamos un campamento Tagurian inundando la otra rivera del río. Es la tribu de los Tarki que migra desde el sur, desde las montañas de Cobre, hacia los amplios pastizales al norte del lago De Las Nieblas. Temimos por nuestra vida y nuestra libertad.
El Kan envió mensajeros y nos ofrecieron hospedaje en sus tiendas. El gesto nos maravilló. El nombre del Kan es Julegu, del clan Badma. Y me sorprendió su gentileza. Le dijo a Jazinz que si quería cruzar el río con su mercancía debía de pagarle un cuarto del valor de todas sus poseciones o dar marcha atrás. El enano accedió al impuesto y su caravana continuó el camino.
Pero yo no quise irme y le pregunté al Kan y podía acompañarlo en su viaje y le ofrecí lecturas de los astros, y al Kan le gustó mi propuesta y me aceptó en su grande y majestuosa tienda. Mañana partimos rumbo al norte.

Día 146: El Kan Julegu es un hombre de buenas costumbres. En pocos días he aprendido mucho de sus costumbres. Los Tuigan aman a sus caballos más que a sus propias esposas. Los aman como sus hermanos. Están acostumbrados a andar por días sin bajarse de sus animales, y duermen y comen sobre ellos, y hasta les dan de su propia comida.
Hacen algo sorprendente con la leche de yak: la guardan en grande jarras y la ponen al sol en los díasmás calientes, y el componente acuático de la leche se evapura, dejando en su lugar una sustancia blanquecina y polvorosa. Así la guardan para grandes trechos y cuando desean beberla le agregan agua y recuperan la leche como si nunca se hubiera evaporado.
En las noches descubiertas el Kan me pide que le lea los astros, y los astros me han dicho que se aproximan tiempos oscuros, y que las comarcas del norte se harán más peligrosas por lo que los Tarki deben tener cuidado de pasar mucho tiempo en esas zonas. La guerra entre los dioses de este lado del mundo culminó hace pocos años y las ciudades y las tribus están desordenadas. Es el momento perfecto para que fuerzas más oscuras se hagan con las posesiones de los más incautos.

Día 170: La compañía de los Tuigan se hace pesada. La alegría con la que me recibieron al principio se ha tornado en abierta desconfianza. No conozco el origen de esta suspicacia pero ya me estoy sintiendo como un extranjero repudiado, especialmente por las mujeres. El Kan y sus hermanos siguen siendo cordiales, aunque distantes. Sin embargo no he dejado de hablarles de Al-Qadar y de la nueva religión Al-Hakija, rebelada al profeta Munir ibn Rahmán. A algunos le interesa; otros me rehúyen.

Día 185: Nos aproximamos a las latitudes más altas del mundo. El frío se hace difícilde soportar, y la tierra se confunde con la nieve. Hubo un combate contra gnolls que emergieron de la tierra en grandes manadas y mataron a varios valerosos guerreros, pero el Kan los repelió con su intervención directa. Sin duda es para estos hombres un gran héroe.

Día 197: Hemos llegado a las faldas más orientales de una cordillera montañosa que llaman Icerim. Enormes glaciares se ven al norte, una tierra despoblada e inexplorada. El Kan me dice que no permanecerán muchos días allí, pues el frío que baja desde los picos es demasiado. Según dice no es normal que en aquella temporada golpeen tan fuertes vientos helados. Le dije, no sin cierto temor, que me separaría de su lado, y que debía continuar mi viaje hacia el oeste. Se mostró enojado, pero no me contrarió.

Día 203: Abandoné el campamento de los Tarki. Julegu Kan me dijo que en los días próximos se moverían un poco hacia el sur. Conmigo envió a un par de jineters que me guiaran por medio día hasta las fronteras occidentales de la estepa, y me sugirió que me refugiara en un pueblo llamado Nathoud. Me encomiendo a Al-Qadar, que me ampare.

Día 209: Llegué a Nathoud, una aldea bastante pobre. Me recibieron con desconfianza y estoy hospedado en una casa de una señora llamada Heles. Todo es tan pobre que no parece útil dar muchos detalles sobre esta gente. No son como los Turian; en vez de pieles trigueñas y ojos afilados son gente de piel muy blanca, cabellos rubios y ojos azules. Se visten con pieles de yak muy gruesas y malolientes.

Día 213: El jefe del pueblo me mandó a llamar. Se llama Garos Barebraker y quiere saber si por fin su esposa dará a luz a un primogénito en las próximas semanas. Tiene dos hijas. Las estrellas no son claras en lo que me dicen. Hay algo extraño en la criatura que está por nacer. No sé que decirle a Garos.
NOTA: Hay una jovencita llamada Mitri que me lanza miradas ardientes. Tiene pintado en los ojos algo traumático, no sé qué, pero Heles insiste en que es una gigante, teoría por lo menos absurda.

Día 216: ¡Por Al-Qadar! anoche ha ocurrido algo terrible, dificil de describir, como si la evocación misma de los hechos fuera a paralizarme el corazón. Nació una abominación, un error del universo, de la esposa del señor Garos, y murió durante el parto. En su lugar una araña aberrante vino al mundo. Algo dentro de mí… dentro de todos nosotros se está incubando, pequeños hijos de esta profanación viviente. Tengo que encontrar la cura a este parásito que nos entró por la naríz, o la primera legión de este mal depravado marchará al darnos muerte desde nuestros adentros…
Como si no hubiera sido suficiente, un terremoto atacó Nathoud, se quebró el suelo y emergieron elfos negros desde las entrañas de la tierra. Vi de cerca a la muerte, pero (por Al-Qadar misericordioso), sobreviví. Logré capturar a un elfo como esclavo, y ahora me encuentro con otros tres en medio de la estepa habiendo escapado del pueblo y de sus atacantes.

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Diario de Ibrahim

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7 de Hakiya, año 523 de la éjira. ¡Alabado sea Al-Qadar, y bendecido su profeta Munir ibn Rahman!
Día 4: Salí de Granaj en la carabana de Jaffar al Tabari. Dejamos el oasis atrás y nos adentramos en las dunas. Cada dedo, cada cabello de la obra de al-Qadar se manifiesta en la belleza voluble del desierto.

Día 10: Un mercader de Qurashaj me advirtió de la naturaleza violenta de los Tuigan. ¿Quién no les tendría miedo luego del saco de Bighir? Sin embargo mis estudios me indican que el viaje a través de las estepas a través de la via dorada no es imposible. El primer objetivo es la ciudad de Almorel, en la frontera más próxima de Faerun. Al-Qadar me amparará.

(Doce folios del diario están perdidos)

Día 83: La via dorada ya no es segura desde que el sultán de Ibelaj abandonó esta frontera. Jaffar al Tabari abandonó la expedición y volvío sobre sus pasos de regreso a Zakhara con los cien camellos que le quedaron luego del ataque de los tekui. Casi pierdo la vida; de no ser por la invocación de un caballo, hechizo que aprendí días antes de partir, probablemente estaría muerto o esclavizado. ¡Grande es la misericordia de al-Qadar!

Día 94: Estoy ahorrando la tinta. Sólo me queda un frasco. La buena nueva es que me encontré con unos viajeros de Durhim. Cuando vi sus siluetas a lo lejos temí que fueran salteadores de camino (Al-Qadar guía mis pasos). Conocen bien el camino de la via dorada y me acogieron en su grupo.

Día 130: Llegamos a Almorel esta mañana. Más que una ciudad es un poblacho de humanos y una comunidad pequeña de herreros y alfareros enanos que viven en madrigueras subterráneas. La población se encuentra a orillas de un gran lago que llaman De Las Nieblas. Todo es muy pobre y la empalizada que bordea las casas se ve dañada por ataques recientes de las tribus nómadas de la estepa. Al jefe del pueblo lo llaman Mechnik y el consejo de la ciudad se llama Gospoda. Los templos del pueblo son tres, y adoran ídolos. Hoy como con mis amigos viajeros y mañana nos separamos. Ellos venden su mercancía aquí y se regresan a Zakhara. Nos hemos despedido con mucha hermandad. Que Al-Qadar los acompañe en su largo viaje. Yo continúo mi viaje hacia el oeste. Mi próxima parada es en la rivera de un río que llaman Fluido Claro.

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